Discurso pronunciado por el Teniente General Juan D. Perón
el 1° de mayo de 1974, ante los diputados y senadores nacionales reunidos en
Asamblea Legislativa, al inaugurar el 99° período de sesiones ordinarias del
Congreso Nacional.
Señores senadores
y señores diputados:
Antes de dar
lectura al mensaje del Poder Ejecutivo, deseo presentar en nombre de éste, el
más profundo agradecimiento a los señores Legisladores, que han hecho posible a
aprobación de leyes que eran absolutamente indispensables. Y en esto quiero
también rendir homenaje a los señores senadores y diputados de la oposición,
que con una actitud altamente patriótica no han hecho una oposición sino una
colaboración permanente que el Poder Ejecutivo aprecia en su más alto valor.
En una ocasión
solemne como ésta, ante un Congreso reunido en idéntica oportunidad a la de
hoy, hace exactamente veinte años, dije al pueblo argentino dirigiéndome a sus
representantes: "Nunca me he sentido otra cosa que un hombre demasiado
humilde al servicio de una causa siempre demasiado grande para mí, y no hubiese
aceptado nunca mi destino si no fuera porque siempre me decidió el apoyo
cordial de nuestro pueblo".
Una doctrina para todos
La conformación de
nuestra doctrina, que pueden aceptar todos los argentinos, porque tiene
caracteres de solución universal -y que, incluso, puede ser aplicada como
solución humana a la mayor parte de los problemas del mundo como tercera
posición filosófica, social, económica y política-, constituyó la primera etapa
de lo que podría denominarse la "despersonalización" de los
propósitos que la revolución había encarnado en mí; tal vez porque yo sentía
desde mucho tiempo antes vibrar la revolución total del pueblo, y estaba
decidido, tal como lo expresé a los trabajadores argentinos el 2 de diciembre
de 1943, a
"quemarme en una llama épica y sagrada para alumbrar el camino de la
victoria".
La doctrina fue
adoptada primero por los trabajadores. "Yo los elegí para dejar en ellos
la semilla". "Lo acabo de expresar: ¡Ellos fueron mis hombres!"
"Elegí a los humildes; ya entonces había alcanzado a comprender que
solamente los humildes podían salvar a los humildes".
Recuerdo que,
cuando me despedí de la Secretaría de Trabajo y Previsión el 10 de octubre de
1945, entregué a ellos todos mis ideales, diciéndoles más o menos, estas mismas
palabras:
"No se vence
con violencia: se vence con inteligencia y organización"; "las
conquistas alcanzadas serán inamovibles y seguirán su curso";
"necesitamos seguir estructurando nuestras organizaciones y hacerlas tan
poderosas que en el futuro sean invencibles"; "el futuro será
nuestro."
Antiguas palabras
éstas, pero conservan aún toda su vigencia. Regresan hoy a esta alta tribuna
para señalar el curso de nuestro irreversible proceso revolucionario y de una
vocación nacional de grandeza, que no se pueden torcer ni desvirtuar.
Hacia la unidad planetaria
Vivimos tiempos
tumultuosos y excitantes. Lo que antes apareciera como simple hipótesis y,
generalmente, como teoría negada o discutida, es hoy una realidad universal que
está determinando el curso de la historia.
Las masa del
Tercer Mundo se han puesto de pie y las naciones y pueblos hasta ahora
postergados pasan a un primer plano. La hora de los localismos cede el lugar a
la necesidad de continentalizarnos y de marchar hacia la unidad planetaria.
Felizmente, este
tiempo que nos toca vivir y dentro del que somos protagonistas inevitables, nos
encuentra a los argentinos unidos como en las épocas más fecundas de nuestra
historia.
Es un verdadero
milagro el que podamos ahora dialogar y discrepar entre nosotros, pensar de
diferente manera y estimar como válidas distintas soluciones, habiendo llegado
a la conclusión de que por encima de los desencuentros, nos pertenece por igual
la suerte de la Patria, en la que está contenida la suerte de cada uno de
nosotros, en su presente y en su porvenir.
Reconstruir nuestra paz
Nuestra Argentina
está pacificada, aunque todavía no vivimos totalmente en paz. Heredamos del
pasado un vendaval de conflictos y de enfrentamientos.
Hubo y hay todavía
sangre entre nosotros; reconocemos esta herencia inmediata a que me he
referido, y extraemos de ella la conclusión de su negatividad. Pero no podemos
ignorar que el mundo padece de violencia, no como episodio sino como fenómeno
que caracteriza a toda esta época. Que caracteriza, diría, a toda época de
cambios revolucionarios y de reacomodamientos, en que un período de la historia
concluye para abrir paso a otro.
Nosotros hemos
encarado la Reconstrucción Nacional. Entre sus más importantes objetivos está
el de reconstruir nuestra paz. Lo lograremos. No hay nada que no pueda
alcanzarse con nuestras inmensas posibilidades y con este pueblo maravilloso al
que con orgullo pertenecemos.
Los agentes del caos y la integración latinoamericana
No ignoramos que
la violencia nos llega también desde fuera de nuestras fronteras, por la vía de
un calculado sabotaje a nuestra irrevocable decisión de liberarnos de todo
asomo de colonialismo.
Agentes del
desorden son los que pretenden impedir la consolidación de un orden impuesto
por la revolución en paz que propugnamos y aceptamos la mayoría de los
argentinos.
Agentes del caos
son los que tratan, inútilmente, de fomentar la violencia como alternativa a
nuestro irrevocable propósito de alcanzar en paz el desarrollo propio y la
integración latinoamericana, únicas metas para evitar que el año 2000 nos
encuentre sometidos a cualquier imperialismo.
Superamos también
esta violencia, sea cual fuere su origen. Superaremos la subversión. Aislaremos
a los violentos y a los inadaptados. Los combatiremos con nuestras fuerzas y
los derrotaremos dentro de la Constitución y la Ley. Ninguna victoria que no
sea también política es válida en este frente. Y la lograremos. Tenemos no sólo
una doctrina y una fe, sino una decisión que nada ni nadie hará que cambie.
La razón y los medios
Tenemos, también,
la razón y los medios de hacerla triunfar. Triunfaremos, pero no en el limitado
campo de una victoria material contra la subversión y sus agentes, sino en el
de la consolidación de los procesos fundamentales que nos conducen a la
Liberación Nacional y Social del Pueblo Argentino, que sentimos como capítulo
fundamental de la liberación nacional y social de los pueblos del continente.
Las fuerzas del
orden -pero del orden nuevo, del orden revolucionario, del orden del cambio en
profundidad- han de imponerse sobre las fuerzas del desorden entre las que se
incluyen, por cierto, las del viejo orden de la explotación de las naciones por
el imperialismo, y la explotación de los hombres por quienes son sus hermanos y
debieran comportarse como tales.
Todo esto -y todos
tenemos conciencia de ello- se encuentra en marcha. Cada día que pasa nos
acerca a las metas señaladas.
Ha comenzado de
este modo el tiempo en que para un argentino no hay nada mejor que otro
argentino. Esto sólo es ya revolución de suficiente trascendencia como para
agradecer a Dios que nos haya permitido vivir para disfrutarlo.
Estamos terminando
con la improvisación, porque no sólo el País lo exige, sino que el mundo no
admite otra alternativa.
Integración en todos
los órdenes
Se percibe ya con
firmeza que la sociedad mundial se orienta hacia un universalismo que, a pocas
décadas del presente, nos puede conducir a formas integradas, tanto en el orden
económico como en el político.
La integración
social del hombre en la tierra será un proceso paralelo, para lo cual es
necesaria una firme y efectiva unión de todos los trabajadores del mundo, dada
por el hecho de serlo y por lo que ellos representan en la vida de los pueblos.
La integración
económica podrá realizarse cuando los imperialismos tomen debida conciencia de
que han entrado en una nueva etapa de su accionar histórico, y que servirán
mejor al mundo en su conjunto y que servirán mejor al mundo en su conjunto y a
ellos mismos, en la medida en que contribuyan a concebir y accionar a la
sociedad mundial como un sistema, cuyo único objetivo resida en lograr la
realización del hombre en plenitud, dentro de esa sociedad mundial.
La integración
política brindará el margen de seguridad necesario para el cumplimiento de las
metas sociales, económicas, científico-tecnológicas y de medio ambiente, al
sevicio de la sociedad mundial.
Fortalecer el ser nacional
El itinerario es
inexorable, y tenemos que prepararnos para recorrerlo. Y, aunque ello parezca
contradictorio, tal evento nos exige desarrollar desde ya un profundo
nacionalismo cultural como única manera de fortificar el ser nacional, para
preservarlo con individualidad propia en las etapas que se avecinan.
El mundo en su
conjunto no podrá constituir un sistema, sin que a su vez estén integrados los
países en procesos paralelos. Mientras se realice el proceso universalista,
existen dos únicas alternativas para nuestros países: neocolonialismo o
liberación.
Construir al mundo
en su conjunto exige liberarse de dominadores particulares. Es ésta, pues, la
esencia conceptual de nuestra Tercera Posición, que tendrá que ser plasmada en
un Tercer Mundo, más allá de fronteras ideológicas.
La pertinacia en
levantar fronteras ideológicas no hace sino demorar el proceso y aumentar el
costo de construcción de la sociedad mundial.
Continentalismo: transición necesaria
Para construir la
sociedad mundial, la etapa del continentalismo configura una transición
necesaria. Los países han de unirse progresivamente sobre la base de la
vecindad geográfica y sin imperialismos locales y pequeños. Esta es la
concepción de la Argentina para Latinoamérica: justa, abierta, generosa, y
sobre todas las cosas, sincera.
A niveles
nacionales, nadie puede realizarse en un país que no se realiza. De la misma
manera, a nivel continental, ningún país podrá realizarse en un continente que
no se realice.
Queremos trabajar
juntos para edificar Latinoamérica dentro del concepto de comunidad organizada.
Su triunfo será nuestro. Hemos de contribuir al proceso con toda la visión, la
perseverancia y el tesón que hagan falta.
Sólo queremos
caminar al ritmo del más rápido. Y teniendo en cuenta que no todos han de
pensar de la misma manera, respetuosos de sus decisiones, habremos de unirnos
resueltamente con quienes quieran seguir nuestro propio ritmo.
Latinoamérica es
de los latinoamericanos. Tenemos una historia tras de nosotros. La historia del
futuro no nos perdonaría el haber dejado de ser fieles a ella.
Paralelamente, nos
uniremos a la acción de los países del Tercer Mundo, con los cuales ya estamos
unidos en la idea.
La liberación y sus formas
Nuestra tarea
común es la liberación. LIBERACIÓN tiene muchos significados.
•En lo POLÍTICO, configurar una nación sustancial, con
capacidad suficiente de decisión nacional, y no una nación en apariencia que
conserva los atributos formales del poder, pero no su esencia.
•En lo ECONOMICO, hemos de producir básicamente según las
necesidades del pueblo y de la Nación, y teniendo también en cuenta las
necesidades de nuestros hermanos de Latinoamérica y del mundo en su conjunto.
Y, a partir de un sistema económico que hoy produce según el beneficio, hemos
de armonizar ambos elementos para preservar recursos, lograr una real justicia
distributiva, y mantener siempre viva la llama de la creatividad.
•En lo SOCIO-CULTURAL, queremos una comunidad que tome lo
mejor del mundo del espíritu, del mundo de las ideas y del mundo de los
sentidos, y que agregue a ello todo lo que nos es propio, autóctono, para
desarrollar un profundo nacionalismo cultural, como antes expresé. Tal será la
única forma de preservar nuestra identidad y nuestra autoidentificación.
Argentina, como cultura, tiene una sola manera de identificarse: ARGENTINA. Y
para la fase continentalista en la que vivimos y universalista hacia la cual
vamos, abierta nuestra cultura a la comunicación con todas las culturas del
mundo, tenemos que recordar siempre que Argentina es el hogar.
•En lo CIENTÍFICO-TECNOLÓGICO, se reconoce el núcleo del
problema de la liberación. Sin base científico-tecnológica propia y suficiente,
la liberación se hace también imposible. La liberación del mundo en desarrollo
exige que este conocimiento sea libremente internacionalizado sin ningún costo
para él. Hemos de luchar por conseguirlo; y tenemos para esta lucha que
recordar las esencias: todo conocimiento viene de Dios.
•La lucha por la liberación es, en gran medida, lucha
también por los RECURSOS Y LA PRESERVACIÓN ECOLÓGICA, y en ella estamos
empeñados. Los pueblos del Tercer Mundo albergan las grandes reservas de
materias primas, particularmente las agotables. Pasó la época en que podían
tomarse riquezas por la fuerza, con el argumento de la lucha política entre
países o entre ideologías.
Tememos que trabajar
para hacer también del Tercer Mundo una comunidad organizada. Esta es la hora
de los pueblos y concebimos que, en ella, debe concretarse la unión de la
humanidad.
•Finalmente, la liberación exige una correcta BASE
INSTITUCIONAL, tanto a nivel mundial como en los países individualmente. La
organización institucional tendrá que ser establecida una vez clarificado: qué se quiere, cómo ha de lograrse lo que se
quiere, y quién ha de ser responsable por cada cosa.
Revolución en paz
Venimos haciendo
en el País una revolución en paz para organizar a la comunidad y ubicarla en
óptimas condiciones a fin de afrontar el futuro.
Revolución en paz
significa para nosotros desarmar no sólo las manos sino los espíritus, y
sustituir la agresión por la idea, como instrumento de lucha política.
Partidos Políticos
Hemos sido
consecuentes con este principio. Así, reunimos a los máximos líderes de
PARTIDOS POLÍTICOS que no integran el Frente Justicialista de Liberación, en
diálogo abierto y espontáneo con los Ministros del Poder Ejecutivo Nacional, y
seguiremos haciéndolo en adelante.
Juventud
La JUVENTUD
ARGENTINA, llamada a tener un papel activo en la conducción concreta del
futuro, ha sido invitada a organizarse. Estamos ayudándola a hacerlo sobre la
base de la discusión de ideas, y comenzando por pedir a cada grupo juvenil que
se defina y que identifique cuáles son los objetivos que concibe para el País
en su conjunto.
Este es el inicio.
El fin es la unión de la juventud argentina sin distinciones partidarias; y el
camino es el del respeto mutuo y la lucha, ardorosa sí, pero por la idea.
Trabajadores
Los TRABAJADORES,
columna vertebral del proceso, están organizándose para que su participación
trascienda largamente de la discusión de salarios y condiciones de trabajo.
El País necesita
que los trabajadores, como grupo social, definan cuál es la sociedad a la cual
aspiran, de la misma manera que los demás grupos políticos y sociales.
Ello exige
capacitación intensa y requiere también que la idea constituya la materia prima
que supere a todos los demás instrumentos de lucha.
Empresarios
Los EMPRESARIOS se
han organizado sobre bases que han hecho posible su participación en el diálogo
y el compromiso. De aquí en más, el Gobierno ha de definir políticas, actividad
por actividad, y comprometer al empresariado en una tarea conjunta, para que su
capacidad creativa se integre el máximo en el interés del País.
Intelectuales
Para identificar
el papel de los INTELECTUALES, hay que comenzar por recordar que el País
necesita un modelo de referencia que contenga, por lo menos, los atributos de
la sociedad a la cual se aspira, los medios de alcanzarlos, y una distribución
social de responsabilidades para hacerlo.
Este proceso de
elaboración nacional tendrá que lograrse convergiendo tres bases al mismo
tiempo: lo que los intelectuales formulen, lo que el País quiera y lo que
resulte posible realizar.
A ellos toca
organizarse para hacerlo. El Intelectual Argentino debe participar en el
proceso, cualquiera sea el país en que se encuentre.
Fuerzas Armadas
Las FUERZAS
ARMADAS están trabajando con el concepto de guerra total y, en consecuencia, de
defensa total. La verdadera tarea nacional es la de liberación, y nuestras
Fuerzas Armadas la han asumido en plenitud. La defensa se hace así contra el
neocolonialismo, y el compromiso de las Fuerzas es con el desarrollo social
integrado del País en su conjunto, realizado con sentido nacional, social y
cristiano.
La Iglesia
Hay una cabal
coincidencia entre la concepción de la IGLESIA, nuestra visión del mundo y
nuestro planteo de justicia social, por cuanto nos basamos en una misma ética,
en una misma moral, e igual prédica por la paz y el amor entre los Hombres.
La Mujer
En cuanto a la
MUJER, estamos profundamente satisfechos, como mandatarios y como hombres, de
su evolución en nuestra sociedad. Más de veinticinco años pasaron desde que la
asignación del derecho del voto femenino terminó con su subordinación política.
Nuestras mujeres mostraron desde entonces que pueden trabajar, elegir y luchar
como los varones y preservar, al mismo tiempo, los atributos de feminidad y de
esposas y madres ejemplares con que impregnan de afecto nuestra vida.
El modelo argentino
Estas
concepciones, que vienen fortificando nuestra acción presente y que constituyen
nuestro programa grande para el futuro, configuran el contenido básico del
MODELO ARGENTINO que en breve ofreceremos a la consideración del País.
Nuestra Argentina necesita un PROYECTO
NACIONAL, perteneciente al país en su totalidad. Estoy persuadido de que, si
nos pusiéramos todos a realizar este trabajo y si, entonces, comparáramos
nuestro pensamiento, obtendríamos un gran espacio de conciencia nacional.
Democracia plena de
justicia social
Otros países que
han elaborado un estilo nacional tuvieron uno de dos elementos en su ayuda: o
siglos para pensarse a sí mismos, o el catalizador de la agresión externa.
Nosotros no tenemos ni una ni otra cosa. Por ello, la incitación para redactar
nuestro propio MODELO tiene que venir simplemente de nuestra toma de
conciencia.
Como Presidente de
los argentinos propondré un MODELO a la consideración del país, humilde
trabajo, fruto de tres décadas de experiencia en el pensamiento y en la acción.
Si de allí surgen propuestas que motiven coincidencias, su misión estará más
que cumplida.
El MODELO
ARGENTINO precisa la naturaleza de la democracia a la cual aspiramos,
concibiendo nuestra Argentina como una democracia plena de justicia social. Y
en consecuencia, concibe al Gobierno la forma representativa, republicana,
federal y social. Social por su forma de ser, por sus objetivos y por su estilo
de funcionamiento.
Reformar la
Constitución
Definida así la
naturaleza de la democracia a la cual se aspira, hay un solo camino para
alcanzarla: gobernar con PLANIFICACIÓN.
Habremos también
de proponer al País una reforma de la CONSTITUCIÓN NACIONAL. Para ello estamos
ya trabajando desde dos vertientes: por un lado, recogiendo las opiniones del
País; y por el otro, identificando las solicitaciones del MODELO ARGENTINO.
El Consejo para el Proyecto Nacional
Quiero finalmente
referirme a la PARTICIPACIÓN dentro de nuestra democracia plena de justicia
social. El ciudadano como tal se expresa a través de los partidos políticos,
cuyo eficiente funcionamiento ha dado a este Recinto su capacidad de elaborar
historia. Pero también el hombre se expresa a través de su condición de
trabajador, intelectual, empresario, militar, sacerdote, etc. Como tal, tiene
que participar en otro tipo de recinto: el CONSEJO PARA EL PROYECTO NACIONAL
que habremos de crear enfocando su tarea sólo hacia esa gran obra en la que
todo el País tiene que empeñarse.
Ningún partícipe
de este Consejo ha de ser un emisario que vaya a exponer la posición del Poder
Ejecutivo o de cualquier otra autoridad que no sea el grupo social al que
represente.
Queremos, además,
concretar nuestro pensamiento acerca de la forma de configurar las concepciones
de cada grupo social y también de cada grupo político. Concebimos que los
criterios formalizados en bases, plataformas u otros cuerpos escritos que
expresen el pensamiento de partidos políticos y de grupos sociales, no pueden
ser otra cosa que su versión de PROYECTO NACIONAL.
Esclarezcamos
nuestras discrepancias y, para hacerlo, no transportemos al diálogo social
institucionalizado nuestras propias confusiones. Limpiemos por dentro nuestras
ideas, primero, para construir en el diálogo social después.
Éstas son, señores
Legisladores, las principales reflexiones que, como Presidente de todos los
argentinos, me he sentido en el deber de traer hoy a vuestra alta
consideración.
Fiesta del Trabajo y la Unidad Nacional
Discurso pronunciado el 1° de mayo de 1974 por el Presidente
Juan D. Perón, desde los balcones de la Casa de Gobierno, en el transcurso de
la "Fiesta del Trabajo y de la Unidad Nacional"
Compañeros: Hace
hoy diecinueve años que en este mismo balcón y con un día luminoso como éste,
hablé por última vez a los trabajadores argentinos. Fue entonces cuando les
recomendé que ajustasen sus organizaciones, porque venían días difíciles. No me
equivoqué ni en la apreciación de los días que venían ni en la calidad de la
organización sindical, que se mantuvo a través de veinte años, pese a estos
estúpidos que gritan.
Decía que a través
de estos veinte años, las organizaciones sindicales se han mantenido
inconmovibles, y hoy resulta que algunos imberbes pretenden tener más méritos
que los que lucharon durante veinte años.
Por eso,
compañeros, quiero que esta primera reunión del Día del Trabajador sea para
rendir homenaje a esas organizaciones y a esos dirigentes sabios y prudentes
que han mantenido su fuerza orgánica, y han visto caer a sus dirigentes
asesinados, sin que todavía haya tronado el escarmiento.
Compañeros: Nos
hemos reunido durante nueve años en esta misma plaza, y en esta misma plaza
hemos estado todos de acuerdo en la lucha que hemos realizado por las
reivindicaciones del pueblo argentino. Ahora resulta que, después de veinte
años, hay algunos que todavía no están conformes de todo lo que hemos hecho.
Compañeros:
Anhelamos que nuestro movimiento sepa ponerse a tono con el momento que vivimos.
La clase trabajadora argentina, como columna vertebral de nuestro movimiento,
es la que ha de llevar adelante los estandartes de nuestra lucha. Por eso,
compañeros, esta reunión, en esta plaza, como en los buenos tiempos, debe
afirmar la decisión absoluta para que en el futuro cada uno ocupe el lugar que
le corresponde en la lucha que, si los malvados no cejan, hemos de iniciar.
Compañeros: Deseo
que antes de terminar estas palabras lleven a toda la clase trabajadora
argentina el agradecimiento del Gobierno por haber sostenido un pacto social
que será salvador para la República.
Compañeros: Tras
ese agradecimiento y esa gratitud puedo asegurarles que los días venideros
serán para la reconstrucción nacional y la liberación de la nación y del pueblo
argentino. Repito, compañeros, que serán para la reconstrucción del país. Y en
esa tarea está empeñado el Gobierno a fondo. Serán también para la liberación,
no solamente del colonialismo que viene azotando a la República a través de
tantos años, sino también de estos infiltrados que trabajan adentro, y que
traidoramente son más peligrosos que los que trabajan desde afuera, sin contar
que la mayoría de ellos son mercenarios al servicio del dinero extranjero.
Finalmente
compañeros, deseo que continúen con nuestros artistas que también son hombres
de trabajo; que los escuchen y los sigan con alegría, con esa alegría de que
nos hablaba Eva Perón a través de
apotegma de que en este país los niños han de aprender a reír desde su
infancia.
Queremos un Pueblo
sano, satisfecho, alegre, sin odios, sin divisiones inútiles, inoperantes e
intrascendentes. Queremos partidos políticos que discutan entre sí las grandes
decisiones.
No quiero terminar
sin antes agradecer la cooperación que le llega al Gobierno de parte de todos
los partidos políticos argentinos.
Para finalizar,
compañeros, les deseo la mayor fortuna, y espero poder verlos de nuevo en esta
plaza el 17 de octubre.

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