martes, 14 de enero de 2025

Se cumplen 18 años de este editorial de Jorge Rulli en Radio Nacional: "Mientras la detienen a Isabel demasiadas coincidencias dormitan aquella misma siesta de Aramburu"

 



Por Jorge Eduardo Rulli


Hoy me siento mal, me siento realmente mal. 


En el mundo del revés que sigue siendo la Argentina, el famoso Juez Espartacus, filmado con escándalo en un prostíbulo masculino al que frecuentaba, y que por sus relaciones políticas consiguiera sobrevivir al menemismo y al duhaldismo, lleva hoy la causa contra Isabel Perón, y algunos autorizados voceros nos manifiestan seguramente tomándonos el pelo, su confianza en que se haga justicia y en que no habrá impunidad para nadie… 


Sin embargo, paradójicamente, no ha sido Espartacus sino un ignoto juez de la provincia de Mendoza quien sorprendiendo a propios y extraños, ha determinado la detención en España de la viuda del General Perón.


Esto también es un escándalo, un escándalo mayor que el de Espartacus, mucho mayor tal vez, porque quiebra todos los códigos de la convivencia política, y porque desenmascara el antiperonismo malicioso desde estructuras políticas que se dicen peronistas y devela una vez más, que en verdad jamás lo fueron.


La implacable operatoria de aculturación política de los años setenta, operatoria que frustró el proceso de la Revolución Nacional en la Argentina y que abrió las puertas a la dictadura militar genocida, pareciera no haber terminado su obra de ruptura de las memorias y de los imaginarios colectivos, y apunta hoy inmisericorde, a las identidades profundas de una buena parte de nuestro pueblo.. 


Alguna vez, hace muchos años, cuando Susanita Valle golpeó las puertas de la Casa de Gobierno pidiendo por la vida de su padre, le respondieron que el Presidente dormía…. 


En estos días, cuando Isabel Perón es detenida en Madrid, demasiadas conciencias argentinas dormitan asimismo su siesta provinciana, cargada de incumplimientos y de connivencias dolosas. 


Sabemos bien los argentinos que a la Justicia que tenemos y más acá de la Corte Suprema a la reconocemos con respeto, la establecen cadenas funcionariales no depuradas todavía. 


Sabemos también, que aquellas complicidades corporativas se mantienen desde las épocas en que a nuestros padres que peregrinaban por los juzgados buscándonos con desesperación, les rechazaban sistemáticamente los habeas corpus en que pedían por nosotros… 


Confiamos en la Corte Suprema, pero no confiamos en esa Justicia que viene de los tiempos del proceso militar y tampoco creemos en el Consejo de la Magistratura, Consejo que no ha hecho sino frenar todo intento de renovación de lo que alguna vez se conociera como el sistema de la servilleta de Corach. . 


Desde que el tema de la Triple A salió nuevamente a luz, los diarios oficialistas que, en mayor o menor medida los son todos, oficialistas de los funcionarios oficiales o acaso de los modelos económicos que respaldan esos funcionarios, todas las fotos de Almirón mostraban la imagen de Perón dentro del cuadro. 


Esto no puede ser casual. Se trató mediante todo tipo de informaciones parciales y manipuladas, de crear la conciencia de que Almirón y Morales eran custodias de la Presidencia. 


Han tenido que salir a negarlo dirigentes de los suboficiales retirados de las FFAA, agremiados en una asociación de los que fueran custodias de Perón y que han desmentido terminantemente la relación de Almirón, Morales y Rovira con las funciones que les son atribuidas. 


Lamentablemente, estas informaciones no tienen prensa oficial en la Argentina y sólo circulan por los medios alternativos. 


Desde Página 12, Ámbito, Infobae e incluso Radio 10, cuando se refieren a los crímenes de la Triple A, se evidencia que no van detrás de la Justicia, sino que van detrás del intento de culpabilizar como autor intelectual de aquellos crímenes a Perón. 


 Son como los perros carroñeros, pero se llevarán un chasco, no pudieron antes debilitar la imagen del General, menos van a poder ahora. 


Vuelvo a desafiarlos, a que si revisamos los crímenes de la Triple A, de Almirón, de Morales y de Rovira, tal como correspondería hacerlo por Justicia, revisemos también el asesinato de Ignacio Rucci, Secretario General de la CGT y mano derecha del General en ese momento, en la Presidencia de la República. 


Los que lo mataron también se referenciaban y respaldaban en el Estado, eran parte del Estado y su poder en el Estado estaba muy por encima y sin lugar a dudas, del que se le atribuye luego a López Rega. 


Sin embargo, pareciera que de eso tampoco quiere hablarse… y nos preocupa, y nos preocupa en especial el silencio actual de las organizaciones de trabajadores y del movimiento sindical, y nos preguntamos si acaso tanto ha progresado la desperonización que consideran más oportuno hacerse los desentendidos, en un tema que implicó un verdadero magnicidio, y que modificó para siempre el rumbo de la historia. 


Me refiero a la ejecución en plena vía pública de su Secretario General Ignacio Rucci, al que sus asesinos ni siquiera le dieron la oportunidad de alegar sus propias razones, como lo hicieran antes con el fusilador Aramburu. 


Expresé en el inicio de este editorial que se estarían por quebrar ciertos códigos de la convivencia política y quiero volver sobre ello. 


No se acepta que el débil gobierno de Isabel estuvo desde antes de nacer asediado por la guerrilla y por el avance de lo que más tarde sería el aparato militar de represión, cuando se fue en aquel entonces parte misma de los desestabilizadores de un lado o de otro, y tengo la impresión que se pretende juzgar hoy desde la Ley, las consecuencias y desvaríos provocados en las instituciones y en los marcos constitucionales por las acciones que en aquel entonces se llevaron a cabo desde las sombras. 


A pocos días de haber sido electo Perón como presidente de los argentinos y en el contexto de un Estado en disgregación, se asesinó al Secretario General de la Central Obrera, su principal respaldo institucional, y luego se le criticó a Perón el entregarse al poder de Lopez Rega, al menos en lo poco que duró su vida entre los infartos sufridos y la agresión en la plaza del primero de mayo, y con ello pareciera que se pretenden justificar las acciones de asalto al poder constitucional que se llevaron a cabo en aquellos tiempos. 


La burla es que muchos de los que participaron en aquellas políticas de acoso al Gobierno Constitucional, hoy devenidos por arte de birlibirloques de nuevo justicialistas y además funcionarios, reclaman justicia como si ellos no hubiesen tenido nada que ver en aquellos trágicos acontecimientos. 


Se configura de esta manera una situación política inadmisible y que se agrava por la ausencia de debates. 


Concretamente, no es justo que se homenajee a los que asaltaron el cuartel de Formosa durante un gobierno constitucional, y que a la vez se aplique todo el rigor de la Ley con los travestis y con los vendedores ambulantes que destrozaron los vidrios del Gobierno porteño protestando contra el código de convivencia o con los presos por los desordenes en la Estación de Haedo que reclamaban contra los abusos extraordinarios de los servicios ferroviarios privatizados. 


La ruptura de los códigos de la convivencia política es la simple consecuencia de una ley injusta o de una Ley aplicada de una manera que favorece a unos en desmedro de los otros. 


En un país donde tantos miles de antiguos uniformados vinculados a la represión caminan impunes por la calle, en que los que estuvieron detrás del asesinato de Rucci disfrutan de reconocimientos políticos cuando no de importantes cargos, en el mismo país donde Menem es Senador por la República y Corach y Dromí pueden dar conferencias públicas y vivir con tranquilidad en sus barrios privados, se solicite la captura internacional de Isabel Perón y se obligue a la Policía española a detenerla, resulta un escarnio que nos avergüenza, que ofende a todo criterio de justicia y que anticipa horizontes inciertos para la vida democrática.


Jorge Eduardo Rulli 


Editorial de Horizonte Sur 

Radio Nacional AM 

Domingo 14 de Enero de 2007

jueves, 18 de enero de 2024

Hace 79 Perón hablaba a los industriales.

 



DISCURSO INAUGURAL ANTE LA ASAMBLEA DE LOS INDUSTRIALES REALIZADA EN EL CONGRESO DE LA NACIÓN 

Juan Domingo Perón 

[18 de Enero de 1945]



En primer término, señores, quiero iniciar esta disertación dando gracias a Dios, que en medio de un mundo sometido al caos y a la desesperación, nos permite que vivamos en esta ínsula de paz y de felicidad. El más feliz de nuestros vecinos, en el mejor de los casos, come carne una vez por semana. Esa paz, esa felicidad y ese bienestar, no sabemos, o en algunos casos no queremos cuidarlos de acuerdo con las necesidades actuales del país. Pareciera en algunos casos que tratamos de pelear entre nosotros en vez de armonizar todas las circunstancias que han de permitirnos seguir gozando de esa felicidad que Dios ha derramado a manos llenas.

Agradezco muy profundamente a los industriales que vienen hoy a ofrecer una colaboración y una cooperación que durante un año he venido insistentemente pidiendo a todas las fuerzas económicas de la Nación. Yo, señores, lo agradezco en nombre del país y lo agradezco también en nombre de la propia industria. No tengo otro interés personal que el bien del país ni otro prejuicio que el de que todos cumplamos con nuestros deberes de argentinos en esta hora preñada de amenazas para el porvenir de nuestro país.

He de declarar también, señores, que estoy absolutamente persuadido de que la Argentina ha de salvar su futuro si todos los argentinos se unen para luchar porque la bendición de sus destinos siga como hasta ahora. Si no colaboramos todos en este sentido habremos de arrepentirnos y de responder ante las generaciones futuras de no haber sabido encarar y resolver en forma que esas generaciones tengan algo que agradecernos. La democracia, señores, no ha de estar solamente en la boca, sino que es menester que este también profundamente arraigada dentro de nuestros corazones.

El estado de descomposición política producido por la viciosa realidad de nuestras formas institucionales se ha entrelazado y en muchos casos ha pasado también a las actividades económicas. Lo que sucede en el panorama político ha sucedido a veces también en el panorama económico de la Nación. Las oligarquías políticas suelen afirmarse en las oligarquías económicas, y es necesario deslindar bien ambos campos para que las interferencias del uno no perjudiquen al otro. La política del Estado ha de estar cimentada en la sinceridad y en la lealtad; jamás en las combinaciones más o menos insospechadas de los intereses personales, de los intereses de círculos o de los intereses que no sean los reales de la Nación y de la prosperidad de nuestro futuro. Cuando ello sucede, el beneficio especulativo de unos pocos pasa a apoyarse en el perjuicio de todos los demás; de manera que una norma de conducta que sea realmente conveniente puede estar mezclada con intereses que no sean los reales intereses de la colectividad.

Es menester, señores, reaccionar contra esas formas tóxicas para organizar las benéficas instituciones representativas y defensoras auténticas del bien general. En este sentido yo sé bien de mis desvelos de hace ya tiempo por la situación que puede presentársenos en la posguerra, que es, en mi concepto, el primero de los grandes objetivos que debemos tener en cuenta para afirmar en la realidad los posibles éxitos económicos, sociales y políticos de la Nación. Ir más allá seria casi una utopía de previsión, porque nada de lo que puede suceder en el futuro lo podremos prever con certeza, si no hemos asegurado previamente ese fundamental objetivo que llamamos la posguerra. Sabemos bien que después de la guerra 1914-18 los industriales especialmente sufrieron en carne propia las imprevisiones de no haber sabido preparar una solución de continuidad que se presentaría fatalmente al terminar la guerra y que volverá a reproducirse indefectiblemente, cuando termine la que hoy azota a la humanidad entera.

He pedido, señores, la colaboración de todos porque el problema común no puede resolverse unilateralmente; he solicitado esa colaboración leal y sincera y francamente no puede contestarse con palabras halagüeñas al resultado de todas mis gestiones y desvelos a ese respecto. Hubo momentos que al pedido de leal colaboración se me ha contestado con el silencio, que en estos momentos constituyen un verdadero sabotaje, otras veces he recibido palabras y notas amables, pero la colaboración efectiva no la he recibido todavía.

Yo no hago cargos contra nadie, porque estos problemas han de ser resueltos por todos y si alguno los resuelve en lugar nuestro siempre lo hará en forma tal que tengamos poco que agradecerle.

Ese sabotaje del silencio puede estar dirigido contra el gobierno, o puede estar dirigido contra la industria; dirigiéndolo contra uno, indefectiblemente irá dirigido contra el otro; porque el gobierno y la industria, tal cual lo entendemos nosotros, como problema integral de la acción, están real y absolutamente ligados; la unión que debe existir entre esos dos órganos del Estado debe ser efectiva y la ruina del uno representaría la ruina del otro. Siempre he mirado con profundo respeto y con el cariño que se merece al industrial auténtico, con el cariño con que se debe mirar a los argentinos que están labrando la grandeza del país. No he tenido nunca prevenciones contra los hombres que trabajan, ni las he de tener jamás, porque cada uno pone sus desvelos en pro del bien de la patria, en la dirección que le dicten sus inclinaciones y posibilidades y ante el destino de la patria es tan meritorio el uno como el otro.

Se ha producido también una campaña contra la Secretaría de Trabajo y Previsión y algunas veces en forma personal contra mí. Yo, señores, soy un hombre de lucha de manera que no habrá campaña que me pueda siquiera molestar.

Cierta vez realice una visita a la Unión Industrial Argentina; en la misma dije lo que franca y realmente pensaba de esta meritoria organización que hace años rige la asociación de la industria argentina. Luego de esa visita he solicitado siempre, insistentemente, una colaboración, franca, leal y sincera que todavía espero.

Mi buena voluntad y mis deseos de bien desgraciadamente no se han cumplido; pero, señores, como Ministro de Guerra debo dejar constancia públicamente de mi reconocimiento a la industria argentina, que en todos los aspectos en que me ha sido necesario pedirle su colaboración, la he tenido en forma absolutamente satisfactoria y mas allá de toda ponderación, en forma tal que si el ministro de Guerra ha podido cumplir sus programas, ha sido merced a esa buena voluntad y capacidad de nuestra industria, naciente, joven, pujante, abnegada y patriótica.

Nosotros anhelamos esa cooperación. Todo el que vista el uniforme sabe bien que las fuerzas del país deben ser absolutamente indivisibles y jamás una fuerza interna debe estar frente a otra, llámense esas fuerza económicas, fuerzas sociales o fuerzas políticas.

Nosotros entendernos el problema de la nacionalidad por el lema que hemos estampado en nuestro propio programa: la unión efectiva de todos los argentinos. Aparte de ello, señores debemos pensar con criterio racionalista; la necesidad imprescindible de organizar el Estado en relación con la economía, y en este sentido llamo a todos a la reflexión. ¿Qué recibimos como datos básicos para cualquier planificación? Hace cuarenta años que en este país no existen censos y no ha existido tampoco una dirección de estadística integral del país, de manera que nuestros estadígrafos están mirando la realidad argentina por un pequeño agujerito y en una dirección totalmente unilateral. Las estadísticas valen cuando son integrales y pierden su valor relativo cuando son parciales. Este país no ha dispuesto jamás de una estadigrafía integral. En consecuencia, quien desee gobernar y organizar la Nación se encuentra con que en principio no sabe lo que tiene, dónde lo tiene, ni cómo lo tiene. Sin ese conocimiento, ni el Estado, ni el estadígrafo ni el técnico podrán elaborar nada constructivo, exacto, ni real.

Entiendo que la planificación de gobierno de un estadista es una cuestión simple, si él encara racionalmente el problema, sea en el orden político, en el orden social o en el económico. En pocas palabras, se trata de saber cuál es la situación real, cuál es el objetivo al que se ha de llegar en cada aspecto, para luego llamar al técnico, al baqueano para que indique el camino mas corto para alcanzar dicho objetivo. Ese el todo el planteo.

En la presente situación no podemos realizar ese planeo porque no conocemos el punto de partida, no sabemos donde estamos y todo hay que hacerlo a base de cálculos teóricos, que suelen fallar extraordinariamente.

Nosotros hemos comprendido claramente este problema y deseamos buscar la cooperación de todos, mientras el Consejo del Censo Nacional y el Consejo Nacional de Estadística, creados el año pasado, tengan el tiempo suficiente para asentar las bases reales de nuestra economía y de nuestra situación actual en lo social y en lo político. Para ello también se necesitan los instrumentos, y nosotros, malos o buenos, los hemos creado: la Secretaría de Trabajo y Previsión y la Secretaría de Industria y Comercio. El país ya no podía seguir adelante sin estos cuatro organismos fundamentales, sin los elementos de estadigrafía argentina y los instrumentos técnicos, para indicar los caminos hacia los objetivos que los estadistas del país deberán fijar en el futuro.

La organización de la riqueza, señores, es el imperativo de la hora. No hablemos de economía dirigida, hablemos de organización de la riqueza. Eso es lo que el Estado debe realizar: organización del trabajo, organización de las fuerzas económicas del Estado y organización del Estado mismo. Organización del trabajo, para evitar la lucha que destruye valores y que jamás los crea; organización de las fuerzas económicas para que no estén nunca accionando sobre el Estado político, para que no estén nunca accionando unas contra otras y destruir los propios valores con una competencia desleal. Organización de las fuerzas económicas, para que ellas mismas creen dentro de sí sus propios organismos de autodefensa, porque la naturaleza prueba que los organismos, como el humano, si no tienen sus propias defensas no viven mucho. Y organización del Estado, para que gobierne en bien de las otras fuerzas, sin interferir sus intereses y sin molestar su acción, sino propugnar los valores reales de la nacionalidad y beneficiando a los que merezcan el beneficio, porque trabajan con lealtad para el Estado y para la Nación. Organización del Estado, para que no lleguemos a pensar que el Estado es todo y los individuos son nada, porque el todo es la Nación y el Estado es, dentro de ella, una sola de sus partes.

Con esos conceptos, señores, podrán pensar claramente que no soy de los que propugnan que el gobernante ha de dirigir todas las actividades de la Nación, pero, sí, está en la obligación de organizarlas, para que no choquen entre sí, y para que la libertad de los otros sea respetada por la libertad de los unos.

Entre las fallas, fundamentales de nuestra instrucción y de nuestra preparación está la de que en este país se ha tenido siempre un desprecio supino para la organización. No hay una sola escuela del país donde se estudie organización, y ese es el anacronismo más extraordinario, porque éste es un país nuevo que debe organizarlo todo, y a nadie se le ha ocurrido que hay que estudiar profundamente las leyes de la organización, que es necesario que en todas las escuelas figure esa materia como ciencia pura, para discriminar sus grandes principios y luego establecer la aplicación de los mismos. Los países nuevos que desprecian eso, andan, como nosotros, sometidos a una anarquía integral del punto de vista político, social y económico.

Señores: hay países que hace treinta años tenían un presupuesto y un volumen comercial e industrial correspondiente a la mitad del nuestro y hoy han triplicado esos valores con referencia a la Argentina. Ello se debe a que organizaron en tiempo su riqueza y nosotros hemos seguido en esta piedra libre escandalosa que nos sume en la anarquía integral, que es muchas veces peor que la anarquía política. Y esto tiene el gran defecto de ser un caldo de cultivo para los piratas de todas las actividades que medran siempre en perjuicio de los hombres honrados que ennoblecen a las naciones.

El mundo actual, señores, se mueve y marcha a ritmo acelerado. El libro que entra hoy a la imprenta ya es anticuado en relación al que presenta el editor y ésta es una verdadera ola que sigue a todas las actividades. La evolución y no la atonía en esperas inútiles es el problema del momento. Hoy hay que accionar, y el que no acciona queda fatalmente detrás y es arrollado por los acontecimientos posteriores. Es la ley de la vida, la evolución. Los organismos que no evolucionan y no se modernizan, como los cuerpos humanos, y, en general, animales, envejecen y mueren. Para que a las instituciones no les alcance esta ley biológica deben evolucionar oportunamente o, de lo contrario, desaparecer para dejar el lugar a nuevas fuerzas adaptadas al momento y a la realidad que se vive. Esa evolución es lo único que puede evitar el cataclismo que se produce, fatalmente, cuando no se evita la inercia. Es necesario que nosotros pongamos en marcha nuestro sistema general para que la evolución que viene con gran fuerza, no produzca la ruptura y la caída de nuestros propios organismos. La posguerra traerá sorpresas muy grandes, que serán agradables si queremos y solucionamos ya los problemas y que serán sumamente desagradables si seguimos pensando que podemos disfrutar de un lecho de rosas, que es sumamente circunstancial.

Es necesario crear esos instrumentos de defensa. Evolución intensa, racional y realista; eso es lo que yo aconsejaría a todos los señores industriales, es, decir, la evolución de las organizaciones para no morir. Las organizaciones patronales de la industria, en mi concepto, no han evolucionado, dentro de estos principios. Hay que crear organizaciones sensibles y modernas, con representación de toda la industria, para que todos tengan acceso a la defensa de sus auténticos intereses, organización integral y sin exclusiones.

Creo que este problema es mucho más serio de lo que muchos creen. El futuro del país será también industrial o nos tendremos que someter a ser un país semicolonial, en el porvenir. Ustedes, señores industriales, deben constituir el patriciado de la industria argentina, porque ustedes han sido los verdaderos iniciadores de esa actividad. El país les deberá a ustedes, en este sentido, todo, y el reconocimiento del país estará puesto, desde ese momento, en los verdaderos industriales argentinos. Me refiero también, y muy especialmente, a la mediana y a la pequeña industria; me refiero a los verdaderos pioneros de estas actividades, que, abnegados y anónimos, en todos los puntos del país están trabajando para reemplazar lo que antes venía a costa de la migración de nuestros propios capitales. A todos también, señores, corresponde un poco de responsabilidad en la hora y en el futuro, aunque, como he dicho, estoy absolutamente seguro de que estamos en tiempo para salvar todos los males que pueden preverse.

Es menester, señores, organizarse leal y sinceramente; es necesario que organizaciones serias y auténticamente representativas, tomen la defensa y la dirección de la industria argentina; es indispensable, en mi concepto, ir hacia una organización ideal, que puede hacerse en base de lo ya existente, de lo actual, pero con representación directa y sin exclusiones.

El Estado moderno no resiste la acción demoledora de los hechos, económicos, sociales y políticos, si no organiza su propia defensa. La organización y coordinación de sus fuerzas económicas, sociales y políticas es la única defensa contra los cataclismos a que asistimos y que debemos tomar como enseñanza en cabeza ajena, ya que la enseñanza en la propia cabeza, suele ser maestro de los tontos.

En mis sueños optimistas de argentino suelo ver a una Nación económicamente poderosa y dentro de ella, a un Estado racional y equilibrado, que sirva del mejor modo las necesidades económicas, sociales y políticas, para hacer la felicidad de todos los argentinos; y sueño también, señores, que ello se consigue solamente con el sacrificio y con la tolerancia.

Creo, señores, que es menester que ustedes tengan confianza; sin esa confianza, base del optimismo realista, no se recorre largo camino en la vida. Organícense ustedes para defenderse, que haciéndolo defenderán a la industria y defenderán al país; que se organicen las demás fuerzas económicas que juegan en el panorama nacional y habremos echado los cimientos de la verdadera grandeza de nuestro país. Organicemos al Estado para ponerlo a tono con la hora y los argentinos nos habremos salvado de esta hora incierta.

Como coordinador económico y como presidente del Consejo de Posguerra necesito, señores, la ayuda de todos ustedes, y por eso es que desde hace largos meses la solicito insistentemente. No deseo en manera alguna verme obligado a resolver unilateralmente esos problemas, porque habría entre ustedes, sin duda, una cantidad de perjudicados y yo no quisiera que por obrar discrecionalmente, algún día pudiera perjudicar injustamente a ningún argentino.

Si colaboran y cooperan con nosotros, la tarea será simple yo el país tendrá que agradecérnosla en el futuro a todos nosotros. El Consejo de Posguerra está estudiando todo lo referente a una organización integral de defensa económica y de coordinación en todas las actividades del país. En lo concerniente a la industria la Secretaría de Industria y Comercio ha tomado a su cargo todas estas actividades, y el señor subsecretario de Industria leerá los grandes principios sobre los cuales asentamos la acción del Consejo de Posguerra.

No deseo terminar estas palabras sin agradecer profundamente el honor que ustedes me han dispensado al llegar hasta aquí. Y cuando alguien les diga que yo o los organismos que represento hayamos estado en contra de la industria, o en contra de algún industrial, en mi nombre pueden ustedes desmentirlo, seguros de que mi palabra no será jamás desmentida por los hechos.

Por otra parte, señores, en defensa de la Secretaria de Trabajo y Previsión, debo decir que sé que algunas veces algunos señores se han quejado de que no han sido allí bien atendidos. Nosotros hemos tenido que organizar un organismo; no todo el personal puede ser contraloreado, cuando se trabaja con veinte o treinta secretarios gremiales a la vez; de manera que les pido, señores, que tengan con nosotros esa tolerancia que enseña la vida y que es la base de las buenas relaciones entre los hombres de buena voluntad. Si lo hacen, señores, tendré una vez más que agradecer las muchas amabilidades de que me han dado prueba los industriales. Muchas gracias.

JUAN DOMINGO PERÓN

viernes, 27 de enero de 2023

Hace 76 años Evita hablaba a las mujeres: “La mujer argentina ha superado el período de las tutorías civiles….El voto femenino, será el arma que hará de nuestros hogares, el recaudo supremo e inviolable de una conducta pública”

 




Mujeres de mi país, compañeras:

Creo que hablamos ya un mismo lenguaje de fe, y abrigamos una misma esperanza de superación para el futuro de nuestra patria. Creo que estamos cada jornada más juntas, más íntimamente ligadas con nuestro destino paralelo. Creo que, día a día, aquí y allá, en las fábricas, o en los surcos, en los hogares o en las aulas, se acrecienta esa fuerza de atracción que nos reúne en un inmenso bloque de mujeres, con iguales aspiraciones y con parejas inquietudes. Creo que, al fin, hemos adquirido el claro concepto de que no estamos solas, ni aisladas, sino por el contrario, solidarias y unidas alrededor de una bandera común de combate. 

Sé quiénes me oyen 

Conozco a todas y a cada una de mis compañeras. Te conozco a ti, la que reveló el taller en toda su magnífica fuerza de mujer de voluntad. Sé tus luchas, sé tus reacciones, sé tus sueños. 

Me gustó que entendieras el lenguaje de la nueva justicia social que ganaba a los hombres, y que, ardientemente, la aplicaras a tu grupo. Te conozco también a ti, la “descamisada” del 17 de Octubre, la mujer de la reacción de un pueblo que no quiso claudicar, ni entregarse. Te observé en las calles. Seguí tu inquietud. Vibré contigo, porque mi lucha, es también la lucha del corazón de la mujer que en los momentos de apremio, está junto a su hombre y su hijo, defendiendo lo entrañable. 

Sí, defendiendo la mesa familiar, y el derecho a un destino menos duro. Defendiendo en resumen, todo aquello que la mujer tiene el deber de defender: su sangre, su pan, su techo, sus sueños. 

Te conozco también a ti, la alejada en distancia, pero no en sentimiento, la mujer de nuestras chacras y pueblos del interior. 

Tú también tienes tu parte, y mereces defenderla. Tú también supiste alentar a tu gente, y el resultado de tu largo y glorioso sacrificio, es ahora la noción de vivir en la protección de leyes de trabajo que han remozado tu corazón y tu rancho. Tú también tenías el derecho a la sonrisa, como cualquiera de las mujeres que en esta tierra opulenta, supieron arrostrarlo todo, siempre y en todo instante. 


Conozco a mis compañeras, sí. Yo misma soy pueblo. Los latidos de esa masa que sufre, trabaja y sueña, son los míos. 

No olvido mis deberes de mujer Argentina 

Así como el destino me hizo ser la esposa de General Perón, vuestro presidente, me hizo también adquirir la noción paralela de lo significa ser la esposa del Coronel Perón, el luchador social. No se podía ser la mujer del presidente de los argentinos, dejando de ser la mujer del primer trabajador argentino. No se podía ser la mujer del presidente de los argentinos, dejando de ser la mujer del primer trabajador argentino. No se podía llegar al encumbrado e inútil sitial de esposa del General Perón, olvidando el puesto de tesón, y de lucha, de esposa del antiguo Coronel Perón, el defensor de los “descamisados”. 

Me lo hubieran permitido el protocolo, las costumbres de nuestro país, la línea del menor esfuerzo, la inercia, la vanidad, la satisfacción, el prurito de ignorar estando arriba, aquello que está abajo, fuera de la pupila. Nadie me hubiera recriminado ser solamente la esposa del general Perón, confundiendo mis deberes sociales. Pero me lo hubiese impedido el corazón. Me lo hubiese impedido el ejemplo de una conducta inflexible. Me lo hubiese recriminado, diariamente, esa pasión de trabajo, esa fe iluminada, y esa permanente inquietud por su pueblo, que caracteriza al General Perón. Por eso, estoy con vosotras. Por eso, seguiré junto al que sucumbe. Por eso, compañeras, mi acción social irá ensanchándose, en la medida que se ensanchan las heridas y las necesidades de ese noble y cálido pueblo de cuyo seno he salido. No tengo otra vanidad, ni otra ambición, que sea: servir, ser útil, volcarme en la inquietud de cualquiera de los millones de mujeres, que ahora poseen un claro sentido de su deber y una noción real de sus derechos. 

Nuestro baluarte: el hogar 

El hogar, esa célula social, donde se incuban los pueblos es la argamasa nobilísima y celosa, de nuestra tarea. Al hogar estamos llegando, y el hogar de los argentinos, nos va abriendo sus puertas, que son como el corazón ansioso del país. Todo lo hemos supeditado, repito, al fin último y maravilloso de “Servir”. Servir a los “descamisados”, a los débiles, a los olvidados, que es servir -precisamente- a aquellos cuyo hogar conoció el apremio, la impotencia, y la amargura. Del odio, la postergación, o la medianía, vamos sacando esperanza, voluntad de lucha, inquietud, fuerza, sonrisa. El hogar, que determinó el triunfo popular del Coronel Perón, no podía ser traicionado por la esposa del Coronel Perón. Vosotras mismas, espontáneamente, con esa cálida ternura que distingue a las camaradas de una misma lucha, me habéis dado un nombre de lucha: Evita. 

Prefiero ser solamente “Evita” a ser la esposa del Presidente, si ese “Evita” es pronunciado para remediar algo, en cualquier hogar de mi patria. 

La mujer debe ir a la acción política 

Todo ello, no hace sino unirnos cada vez más, compañeras. 

Y al unirnos, colocarnos en un plano social nuevo. La mujer argentina ha superado el período de las tutorías civiles. Aquélla que se volcó en la Plaza de Mayo el 17 de Octubre; aquélla que hizo oír su voz en la fábrica, y en la oficina y en la escuela; aquélla que, día a día, trabaja junto al hombre, en toda la gama de actividades de una comunidad dinámica, no puede ser solamente la espectadora de los movimientos políticos. La mujer debe afirmar su acción. La mujer debe optar. La mujer, resorte moral de un hogar, debe ocupar su quicio, en el complejo engranaje social de un pueblo. Lo pide una necesidad nueva de organizarse, en grupos más extendidos y remozados. Lo exige en suma, la transformación del concepto de la mujer, que ha ido aumentando sacrificadamente el número de sus deberes, sin pedir el mínimo de sus derechos. 

Unirse y afirmar una voluntad 

Yo considero, amigas mías, que ha llegado quizá el momento de unirnos en esta faz distinta de nuestra actividad cotidiana. 

Me lo indica, diariamente, la inquietud de vuestros pensamientos y la ansiedad que noto cada vez que cruzamos dos palabras. 

La Mujer argentina ha llegado a la madurez de sus sentimientos y sus voluntades. La mujer argentina, debe ser escuchada, porque la mujer argentina supo ser aceptada en la acción. Se está en deuda con ella. Es forzoso restablecer, pues, esa igualdad en los deberes. La mujer que recorrió a pie largas distancias, para afirmar junto al hombre, una voluntad: la “descamisada” que convirtió cada hogar en un baluarte de exaltación revolucionaria; el corazón que sustento, sin desmayo ni retroceso, el triunfo del pueblo el 24 de febrero, no podrá ser olvidado por los hombres que salieron ungidos sus representantes, en aquella histórica contienda cívica. Esos hombres no olvidaron a la mujer. Esos legisladores del pueblo, recordarán a la entraña de ese pueblo: la mujer argentina, llegada a su madurez social y política. El voto femenino, será el arma que hará de nuestros hogares, el recaudo supremo e inviolable de una conducta pública. El voto femenino, será la primera apelación y la última. No es sólo necesario elegir, sino también determinar el alcance de esa elección. En los hogares argentinos de mañana, la mujer con su agudo sentido intuitivo, estará velando por su país, al velar por su familia. 

Su voto será el escudo de su fe. Su voto será el testimonio vivo de su esperanza en un futuro mejor. Los legisladores saben eso, compañeras. Es premioso recordarles que no lo olviden. Esa es una de las formas de nuestra lucha cotidiana, amigas, ahora que nos hemos conocido mejor y estamos unidas por todo el país, en un bloque solidario. 

Soy la primera camarada de lucha 

La mujer del presidente de la República, que os habla, no es -en este sentido- más que una argentina más, la compañera Evita, que está luchando por la reivindicación de millones de mujeres, injustamente pospuestas, en aquello de mayor valor en toda conciencia: la voluntad de elegir, la voluntad de vigilar, desde el sagrado recinto del hogar, la marcha maravillosa de su propio país. Esta debe ser nuestra meta. 

MARIA EVA DUARTE DE PERÓN


jueves, 25 de noviembre de 2021

Hace 49 años Perón hablaba en el Restaurante Nino: " ya debemos empezar a pensar en la tierra que es la que nos comprende, nos alimenta y nos sostiene a todos."

 

DISCURSO DE PERÓN EN NINO

 

Antes de la conferencia de prensa en el restaurante 'Nino' de Vicente López El 25 de noviembre de 1972

 

 


 

En primer lugar quiero agradecerles la amabilidad que han tenido en llegar hasta acá, a fin de que podamos cambiar un poco ideas.  Estas conferencias de prensa en mí tienen la posibilidad de explicar muchas cosas que a menudo resultan inexplicables para los que observan desde lejos o desde afuera los acontecimientos.

En segundo lugar yo les ruego que hagan por lo menos cada uno una pregunta, porque si unos hacen muchas preguntas muchos se quedarán sin respuesta, porque el tiempo nos va a apremiar rápidamente.

En tercer lugar yo tenía pensado hacer algunas consideraciones, pero en vista de que el tiempo está pasando, prefiero someterlos a ustedes, si quieren, primero a una explicación de conjunto más o menos sobre nuestra posición justicialista o si prefieren directamente entrar a las preguntas y respuestas.

 Bueno. Eso quizás pueda permitir evitar algunas preguntas. La posición del Movimiento justicialista es simple.  Hay mucha gente que todavía no la comprende, como también hay mucha gente que no comprende la evolución que el mundo está realizando en estos días.

Es indudable que el mundo actual está influenciado por una evolución histórica fuera de lo común.  Estamos en un momento de cambio, en los sistemas y esquemas, tanto políticos, como sociales y económicos.  Es indudable que esas etapas sean etapas de lucha, de discusión y algunas veces de pelea.

 Cuando comienza el siglo diecinueve se produce un gran cambio, que reemplaza un sistema medieval por otro nuevo que hemos llamado demo-liberalismo-burgués.  Pero la separación entre esos dos sistemas no se hace por una línea divisoria, sino por una amplia faja de lucha.

 El demo-liberalismo-burgués que durante dos siglos ha manejado al mundo, en su implantación le costó a Europa 20 años de guerra.  En esos 20 años de guerra se realizó el cambio y durante dos siglos el sistema demo-liberal-burgués ha manejado al mundo.

 Lo ha manejado con sus empresas, con sus máquinas, ha hecho evolucionar al mundo en lo técnico y en lo científico más que en los diez siglos precedentes.  Eso no lo podemos negar.

Pero tampoco podernos negar que ese sistema se ha realizado sobre las espaldas y los sacrificios de los pueblos. Pero esos mismos medios técnicos y científicos, han dispersado la información masiva por el mundo y simultáneamente, han esclarecido a los pueblos.

 Hoy, el último paisano a cientos o miles de kilómetros de las metrópolis, tiene su transistor en la oreja con el cual está viviendo lo que pasa en el mundo en ese momento.  Es esto lo que ha terminado por esclarecer a los pueblos y hoy los pueblos no quieren ya el sacrificio.

 Y si se los somete a ese sacrificio se rebelan y tienen razón.  Hoy los pueblos aceptan el esfuerzo mancomunado, donde el esfuerzo esté relacionado con las ventajas que su capacidad y su esfuerzo producen.  Es este el cambio al cual estamos asistiendo en el mundo.

 Y esos dos sistemas, uno que muere y otro que nace, tampoco ahora se separan por una línea.  Y si el medioevo para cambiar demandó 20 años de guerras, quizás hoy la humanidad más comprensiva de la evolución, pueda acortar los plazos de la lucha cruenta.

 Pero existe indudablemente una faja representada por una lucha que presenciamos hoy en el mundo entero.  No es por casualidad que se lucha en el Polo Sur lo, mismo que en el Polo Norte.  Es la evolución que conduce a un mundo, a un sendero histórico que es totalmente insoslayable.

Y si todavía hay tontos que creen que podemos volver al medioevo, debemos confesar que están completamente equivocados. Porque el mundo moderno ya no permite semejante retroceso.  De la misma manera los que piensan que volvemos a un demo-libera-lismo capitalista y burgués que ha sido superado por los tiempos.

Es necesario conformar ese nuevo sistema, nuevo sistema basado en el esfuerzo de todos.  Porque la tierra cada día está haciendo más difícil la vida. No sólo por el impacto demográfico que ya nos amenaza sino por la destrucción desconsiderada que el hombre está haciendo de los medios naturales que la tierra ofrece.

Estamos quedándonos sin tierra, para convertirla en basurales, estamos quedándonos sin ríos, porque son cloacas; estamos quedándonos sin mares, porque los están cubriendo de una capa de aceite; han destruido los bosques y ya nos estamos sintiendo en el enrarecimiento oxigenar de la atmósfera.

El mar, de la misma manera aislado por esas capas de aceite, está también disminuyendo la liberación de oxígeno.  Vale decir, que vamos hacia un mundo sin tierra, sin agua, sin oxígeno.  Mientras una población se multiplica extraordinariamente, al punto de pensar que en este mundo de 3.800 millones de habitantes la mitad está hambrienta.

 ¿Qué pasará en el siglo veintiuno, que al comenzar en su año 2000 es probable que tenga de siete a ocho mil millones de habitantes?  Ya no podemos pensar con el pequeño concepto de naciones, ya debemos empezar a pensar en la tierra que es la que nos comprende, nos alimenta y nos sostiene a todos.

 Y si esa evolución ha de producirse es indispensable que nuestras comunidades vayan también adaptándose a esa necesidad y vayamos evolucionando en lo económico, en lo social y en lo político, para poder enfrentar el terrible problema que, como asechanza, nos está esperando en el año dos mil.

 La evolución de la humanidad que comenzó con el hombre aislado, siguió a la familia, a la tribu, al clan, al estado primitivo, a la ciudad, al estado feudal, a la nacionalidad, hoy ha llegado a los continentes y si los continentes se integran y se unen para defenderse contra la grave amenaza que se cierne sobre la humanidad,  ¿cómo podemos pensar que los países que aún subsisten no han de defenderse en una mancomunidad absoluta y en una colaboración permanente?

Esto lo anunciamos nosotros acá en la República Argentina hace treinta años.  Y el justicialismo buscó de ir creando un sistema por evolución que respondiera a todas esas necesidades.

 Eso ha sido el justicialismo.  Indudablemente que en 1945 nosotros lanzamos desde acá por primera vez en el mundo la tercera posición.  Una tercera posición que ha dado origen a un tercer mundo posteriormente.  Cuando lanzamos esa posición cayó aparentemente en el vacío.

Porque no estaba el horno para bollos, como decimos nosotros. Había terminado la segunda guerra y los vencedores se estaban repartiendo al mundo. Esa es una realidad que nadie puede negar.  Pero han pasado veinticinco años y hoy las dos terceras partes de la humanidad pujan por colocarse en ese tercer mundo.

Tercer mundo que va a tomar la defensa de ese futuro y va a realizarlo.  Dentro de esa posición es que nosotros hemos creado un sistema político, social y económico que responde a la idiosincrasia argentina, como a la especial situación que nuestro país vive.

 Así llegamos hasta 1955, pero la sinarquía internacional manejada desde las Naciones Unidad nos echó todo su peso en contra.  Como ustedes habrán podido comprobar y comprobarán en la República Argentina a nosotros no nos desalojó la única fuerza que es el pueblo.

 Nosotros fuimos desalojados del poder para evitar una guerra civil en que ese pobre pueblo pagará las consecuencias. Por eso dejamos el gobierno, no porque no tuviéramos razón, ni porque no tuviéramos fundamento en qué afirmar nuestra ideología y nuestra doctrina.

Señores, los pueblos no suelen equivocarse. Y nosotros hemos pensado que si tenemos razón hemos de volver y si no tenemos razón es mejor que no volvamos.  Pero hemos de luchar para imponer esas nuevas formas que tarde o temprano vendrán no sólo a implantarse en nuestro país sino en el mundo entero.

 Vengo de Europa, donde he tenido oportunidad de observar perfectamente en cada país y conversar con sus hombres más importantes. En Europa se está produciendo ya el fenómeno aceleradamente, como debía ser. Hay muchos países que en 200 años de historia piensan que pueden manejar a Europa, que tiene cuatro mil.

Esos cuatro mil años de cultura, de civilización, de tradición y de historia no se pueden comprar con ningún dinero.  Por eso pienso que Europa será la cabeza del mundo todavía por muchos siglos.  Y de ella debemos tomar ejemplo.  En este momento todos los países europeos van hacia una democracia integrada donde las formas violentas o de oposición sistemática y negativa del sistema demo-libe-ral han desaparecido.  Hoy es un primor contemplar que países europeos donde los conservadores y los comunistas no son enemigos, piensan distinto y discuten sus problemas para el bien del país.

 Es que si en el futuro las naciones no imitan ese ejemplo y abandonan una lucha estéril de la política, difícilmente podrán subsistir frente a las asechanzas y peligros que se ciernen sobre el mundo futuro. Yo vengo acá con esas ideas que no han hecho sino confirmar lo que he pensado toda mi vida y lo que he tratado de hacer durante diez años de gobierno en este país: que pudimos formar una comunidad con una economía de abundancia, sin deudas externas.

Donde cada ciudadano argentino tenía lo suficiente para vivir con dignidad y con felicidad, porque sólo un pueblo en la dignidad y en la felicidad puede ser propenso para labrar la grandeza de los países.  Señores, yo no quiero abundar más en estas consideraciones.

Solamente he querido aclararles para que evitemos preguntas que me llevarían fragmentariamente a largas disquisiciones.

lunes, 2 de diciembre de 2019

Hace 76 años Perón hablaba sobre política social del Estado




DISCURSO SOBRE LA POLÍTICA SOCIAL DE ESTADO 
Juan Domingo Perón 
[2 de Diciembre de 1943]


En el tiempo que estuve al frente del ex Departamento Nacional del Trabajo, he podido penetrar y encarar objetivamente los problemas gremiales. De ellos los que se han resuelto lo han sido por acuerdos directos entre patronos y obreros.
Para saldar la gran deuda que todavía tenemos con las masas sufridas y virtuosas, hemos de apelar a la unión de todos los argentinos de buena voluntad, para que en reuniones de hermanos consigamos que en nuestra tierra no haya nadie que tenga que quejarse con fundamentos de la avaricia ajena.
Defender a los que sufren y trabajan
Los patrones, los obreros y el Estado constituyen las partes de todo problema social. Ellos y no otros han de ser quienes los resultan, evitando la inútil y suicida destrucción de valores y energías.
La unidad y compenetración de propósitos de esas tres partes debería ser la base de acción para luchar contra los verdaderos enemigos sociales representados por la falsa política, las ideologías extrañas sean cuales fueran, los falsos apóstoles que se introducen en el gremialismo para medrar con el engaño y la traición de las masas y las fuerzas ocultas del perturbación del campo político-internacional.
No soy hombre de sofismas ni de soluciones a medias. Empeñado en esta tarea no desmayaré en mi afán ni ocultaré las armas con las que combatiré en todos los terrenos, con la decisión más absoluta, sin pensar si ellos o yo hemos de caer definitivamente en esos campos.
Sembraré esta simiente en el fértil campo de los trabajadores de mi tierra, que estoy persuadido que entienden y comparen mi verdad, con esa extraordinaria intuición que poseen las masas cuando se les guía con lealtad y honradez.
Ellos serán mis hombres y cuando yo caiga en esa lucha en que voluntariamente me enrolo estoy seguro que otro hombre mas joven y mejor dotado, tomará de mis manos la bandera y la llevará al triunfo. Para un soldado nada hay más grato que quemarse para alumbrar el camino de la victoria.
Al defender a los que sufren y trabajan, para amasar la grandeza de la Nación, defendiendo a la Patria en cumpliendo de un juramento en que empeñé mi vida y la vida es poco cuando es menester ofrendarla en el altar de la Patria.
El estado cumplirá ahora su deber social
El estado argentino intensifica el cumplimiento de su deber social. Así concreto mi juicio sobre la trascendencia de la creación de la Secretaría de Trabajo y Previsión.
Simple espectador como he sido, en mi vida de soldado, de la evolución de la economía nacional y de las relaciones entre patronos y trabajadores, nunca he podido avenirme a la idea tan corriente de que los problemas de que tal relación origina, son materia privativa de las partes directamente interesadas. A mi juicio, cualquier anormalidad surgida en el ínfimo taller y en la más oscura oficina, repercute directamente en la economía general del país y en la cultura de sus habitantes.
En la economía, porque altera los precios de las cosas que todos necesitamos para vivir; en la cultura porque del concepto que preside la disciplina interna de los lugares de trabajo depende en mayor o menor grado, en respeto mutuo y las mejores o peores formas de convivencia social.
El trabajo después del hogar y la escuela, en un insustituible modelador del carácter de los individuos y según sean éstos, así serán los hábitos y costumbres colectivos, forjadores inseparables de la tradición nacional.
Por tener muy firme esta convicción, he lamentado la despreocupación, la indiferencia y el abandono en que los hombres de gobierno, por escrúpulos formalistas repudiados por el propio pueblo prefirieran adoptar una actitud negativa o expectante ante la crisis y convulsiones ideológicas, económicas y sentimentales que han sufrido cuantos elementos intervienen en la vida de relación que el trabajo engendra.
El estado manteníase alejado de la población trabajadora. No regulaba las actividades sociales como era su deber, sólo tomaba contacto en forma aislada cuando el temor de ver turbado el orden aparente de la calle le obligaba a descender de la torre de marfil de su abstencionismo suicida. No se percataban los gobernantes de que la indiferencia adoptada ante las contiendas sociales, facilitaba la propagación de esta rebeldía porque era precisamente el olvido de los deberes patronales que, libres d la tutela estatal, sometían a los trabajadores a la única ley de su conveniencia. Los obreros por su parte, al lograr el predominio de las agrupaciones sindicales, enfrentaban a la propia autoridad del Estado, pretendiendo disputar el poder político. El progreso social ha llevado a todos los países cultos a suavizar el choque de intereses y convertir en medidas permanentes de justicia, las relaciones que antes quedaban libradas al azar de las circunstancias provocando conflictos entre el capital y el trabajo.
El ideal del Estado abstencionista era encontrarse frente a ciudadanos aislados, desamparados y económicamente débiles, con el fin de pulverizar las fuerzas productoras y conseguir, por contraste, un poder arrollador. La contrapartida fue el sindicalismo anárquico, simple sociedad de resistencia, sin otra finalidad que la de oponer a la intransigencia patronal y a la indiferencia del Estado, una concentración de odios y resentimientos. Las carencias de una orientación inteligente de la política social, la falta de organización de las profesiones y la ausencia de un ideal colectivo superior que reconfortará los espíritus y los templará para una acción esencialmente constructiva y profundamente patriótica, ha retrasado el momento que las asociaciones profesionales estuviesen en condiciones de gravitar en la regulación de las condiciones de trabajo y de vida de los trabajadores.
Organización: el imperativo de la hora
El ideal de un Estado no puede ser la carencia de asociaciones; casi afirmaría que es todo lo contrario. Lo que sucede es que únicamente pueden ser eficaces, fructíferas y beneficiosas las asociaciones cuando, además de un arraigado amor a la patria y un respeto inquebrantable a la ley, vivan organizadas de tal manera que constituyan verdaderos agentes de enlace que lleven al Estado alas inquietudes del mas lejano de sus afiliados y a éste hagan llegar las inspiraciones de aquel. La organización sindical llegará a ser indestructible cuando las voluntades humanas se encaminen al bien y a la justicia, con un sentido a la vez colectivo y patriótico. Y para alcanzar las ventajas que la sindicación trae aparejadas las asociaciones profesionales deben sujetarse a uno de los imperativos culminantes de nuestra época: el imperativo de la organización.
La vida civilizada, en general, y la económica en particular, del mismo modo que la propia vida humana, se extinguen cuando falla la organización de las células que la componen. Por ello siempre he creído que se debe impulsar el espíritu de asociación profesional y estimular la formación de cuantas entidades profesionales consientes de sus deberes y anhelantes de sus justas reivindicaciones se organicen, de Talavera que se erijan en colaboradores de roda acción encaminada a extender la justicia y prestigiar los símbolos de la nacionalidad, levantándose por encima de las pugnas ideológicas o políticas. Pero no perderemos el tiempo que media entre el momento actual y el del florecimiento de organizaciones de este tipo constructivo. La realidad golpea las puertas y exhibe las cuestiones candentes que deben ser inmediatamente dilucidadas. Los problemas que sean consecuencia natural de los hechos sociales serán estudiados y recibirán la rápida solución que justicieramente merezcan.
Se inicia una nueva era en política social
Con la creación de la Secretaría de Trabajo y Previsión se inicia la era de política social argentina. Atrás quedará para siempre la época de la inestabilidad y desorden en que estaban sumidas las relaciones entre patronos y trabajadores, De ahora en adelante, las empresas podrán trazar sus previsiones para el futuro desarrollo de sus actividades, tendrán la garantía de que si las retribuciones y el trato que otorgan al personal concuerdan con las sanas reglas de convivencia humana, no habrán de encontrar por parte del Estado sino el reconocimiento de su esfuerzo en pro del mejoramiento y de la economía general y consiguiente engrandecimiento del país. Los obreros, por su parte, tendrán la garantía de que las normas de trabajo que se establezcan enumerando los derechos y deberes de cada cual, habrán de ser exigidos por la autoridades del trabajo con el mayor celo y sancionado con inflexibilidad su incumplimiento. Unos y otros deberán persuadirse de que ni la astucia ni la violencia podrán ejercitarse en la vida del trabajo, porque una voluntad inquebrantable exigirá por igual, el disfrute de los derechos y el cumplimiento de las obligaciones.
Un fin social supremo inspirará toda reforma legal
La prosecución de un fin social superior señalará el camino y la oportunidad de las reformas. No debemos incurrir en el error de fijar un programa de realizaciones inmediatas. En este importante y delicado aspecto, el decreto que crea la Secretaría de Trabajo y Previsión ofrece una magnífica muestra de sobriedad, pues al tiempo que ordena la revisión de los textos legales vigentes, exige que sean propulsadas las medidas de orden social que constituyen el anhelo de la casi totalidad de los hombres de trabajo, obreros y patronos.
No voy, pues, a perfilar las características que ha de tener tal o cual realización jurídica, ni condicionar la otorgación de una determinada reivindicación social a la concurrencia de determinados requisitos. Por encima de preceptos casuísticos que la misma realidad puede tornar caducos el día de mañana, está la declaración de los altísimos principios de colaboración social, con objeto de robustecer los vínculos de solidaridad humana, incrementar el progreso de la economía nacional, fomentar el acceso a la propiedad privada, acrecer la producción en todas sus manifestaciones y defender al trabajador mejorando sus condiciones de trabajo y de vida. Estas son las finalidades a que debemos aspirar. El tiempo, las circunstancias y la conducta de cada cual nos indicará el momento y el rumbo de las determinaciones.
La experiencia de la vida diaria nos conducirá por las sendas menos peligrosas al logro de cada mejora en la vida de relación entre el Estado, patronos y obreros. Mejora que naturalmente, no deberá ser siempre a expensas del patrón, sino que bien puede orientarse hacia la adopción de adecuadas medidas de orden técnico que eviten la dispersión de esfuerzos, aumenten el rendimiento, mejoren precios y salarios y establezcan un cordial entendimiento entre ambos factores de la producción y entre éstos y el Estado, de modo que no solo se restaure el orden social en la calle y el taller sino en el fuero íntimo de las conciencias.
Sería impropio anunciar la codificación del Derecho del Trabajo en el preciso instante de producirse en tránsito entre abstencionismo de Estado, que fenece, y la futura acción estatal, que comienza. Muchas de las leyes de trabajo vigentes no son ciertamente incontrovertidas; algunas adolecen de fallas técnicas de tal naturaleza que los beneficios han desaparecido de la vista del trabajador, al tiempo que se extinguían los ecos de su alumbramiento parlamentario. Eso no debe repetirse. Las declaraciones de derecho sustantivo deben ser tan claras que no quepa duda, la acción del Estado ha de ser tan rápida y la solución tan eficaz que ni un solo trabajador sienta la congoja de creerse preterido en cuanto le corresponda en justicia.
Florecen pues las mejoras al compás de las necesidades y de las posibilidades que la actual permita. Esto no quiere decir sin embargo que se dilatarán las soluciones a los problemas no será un criterio particular que las partes impongan al Estado, sino por el contrario, por decisión de la autoridad una vez consultadas las verdaderas necesidades de todos los interesados en la cuestión particular de que se trate.
Debe insistirse en esta afirmación. Las altas decisiones sobre el rumbo social a seguir que adopte la autoridad laboral, no serán tomadas tan solo en vista del texto de una ley o del principio doctrinario tratado en abstracto, sino considerado uno y otro como elementos integrantes de la mutable realidad de cada momento. Por esto, junto al mecanismo técnico-administrativo, que constituye el instrumento peculiar del Estado para estudio y solución de los problemas sociales, se halla un Consejo Superior de Trabajo y Previsión que se integrará con representaciones adecuadas de los distintos sectores que intervienen en la obra de la producción, transformación y distribución en sus múltiples aspectos y facetas. De este modo las realizaciones del derecho no serán preparadas tan solo en los laboratorios oficiales, sino que, aprovechando ya el cuantioso material de estudio que han acumulado a través de los años, serán valoradas y afianzadas por la labor llevada a cabo por dicho organismo consultivo que, en su periódica actuación sedimentará un arsenal de experiencias que facilitará grandemente la normalización de las relaciones jurídicas existentes entre el capital y el trabajo en cada momento de nuestra historia.
Nada más por hoy. Pero en breve volveré a ponerme en contando con el pueblo para hacerle partícipe constante de la inquietudes del Poder Ejecutivo, que serán siempre reflejos de sus anhelos de mejoramiento individual y progreso de la comunidad nacional. En camino de la grandeza de la Patria, el Estado ha de contar con el fervor y la adhesión de todos los hombres de trabajo que anhelen el bien supremo del país.
JUAN DOMINGO PERÓN

martes, 10 de septiembre de 2019

Se cumplen 61 años de esta carta de Juan Perón al compañero José León Suárez




Escrito por Juan Domingo Perón.

Ciudad Trujillo, 10 setiembre de 1958.

Al Sr. José León Suárez

Madrid

Mi querido amigo Suárez:

He recibido Sus buenas noticias, por lo que mucho me alegro, especialmente cuando, como en este caso, surgen de un intenso trabajo dedicado a lograr las reivindicaciones que el Pueblo y la Patria reclaman.

Desde ya el lejano día en "que mantuve mi primer diálogo con los trabajadores, sostuve que la organización es lo único que vence al tiempo. Unidos y disciplinados no habrá fuerza que pueda doblegarlos. La actualidad argentina, tan colmada de incertidumbres y de inoperancias gubernamentales, está preparando el triunfo del Pueblo. Pero es evidente que la lucha alcanzará, todavía, matices que van de lo específicamente político a la misma violencia, si se persiste en el trágico error de pretender gobernar a espaldas de la masa. La politización del Pueblo garantiza que la mentira no podrá engañarlo y que la prepotencia no podrá doblegarlo. Tres años de feroces persecuciones dan fe de la vocación patriótica de nuestro Pueblo, que ha sido flagelado con todas las infamias, pero jamás vencido. Lo único que nos resta por hacer es reorganizar el Movimiento con autoridades elegidas por la masa, de abajo hacia arriba, sin interferencias, extrañas a la voluntad soberana de la mayoría. Con una férrea organización, con unidad de concepción y de acción, el anti- Pueblo podrá ir contando los escasos días de su sobrevivencia.

Conéctense con los organismos directivos de nuestro Movimiento, para que el cumplimiento de las consignas del Comando Superior Peronista, evite dispersión de fuerzas y de esfuerzos. Yo, en la medida de mis posibilidades, no he descansado un sólo instante en mi destierro, trabajando siempre por la redención del Pueblo, labor que es mi razón de ser. Los gorilas no deben tener paz ni descanso, y deben ser execrados en sus hombres, en sus actos y en el recuerdo de sus iniquidades. Y las obras de Gobierno que no consulten las aspiraciones de la masa, deben ser atacadas en la medida que merezcan nuestro repudio.

Espero que la labor de Uds. sea fructífera y sin pausa. Le niego haga llegar a todos los compañeros mi emocionado afecto. Con mis mejores deseos reciba Ud. un gran abrazo.

Firmado: Juan Perón.

viernes, 28 de junio de 2019

Hace 63 años asesinaban al Resistente Peronista Aldo Emil Jofré en la Regional Policial de Lanús




El Resistente Peronista Aldo Emil Jofré fue asesinado, en la Regional Policial de Lanús, el 28 de junio de 1956.
Había participado de la fallida sublevación del General Juan José Valle el 9 de junio del mismo año.

Luego de aparecer colgado en su celda intentaron simular un suicidio por ahorcamiento. Osvaldo Banzini declaró años mas tarde “El asunto fue que mientras manipulaban productos peligrosos Aldo Jofré y Ferraso quedaron heridos después de una explosión. Llegó la policía y los detuvieron. Jofré nunca pudo curarse del todo de las quemaduras porque seguro lo torturaban sobre las heridas. Pero era joven y fuerte, así que a pesar de todo se fue reponiendo. Pero un día apareció ahorcado en su celda, la policía dijo que Jofré se había suicidado. Yo estoy seguro que no, se ve que se les fue la mano en la tortura, le dieron de más y se les fue. Entonces lo colgaron para justificar el asesinato. Total…¡Quién iba a investigar!”
Honor y gloria a otro mártir de la causa nacional al que le arrebató la vida la policía canalla al servicio de los fines de la antipatria