jueves, 10 de noviembre de 2016

Evita sobre el comunismo



un día me asomé por curiosidad que derivaba de mi inclinación (por la justicia), a la prensa que se decía del pueblo.
Buscaba una compañía. ¿No es acaso la verdad que casi siempre en los libros y diarios que leemos buscamos más una compañía que un camino para recorrer o una guía que nos conduzca?
Por eso tal vez leí la prensa de izquierda de nuestro país, pero no encontré en ella ni compañía, ni camino, ni menos quien me guiase.

Los diarios del pueblo condenaban, es verdad, al capital y a determinados ricos, ricos con lenguaje duro y fuerte, señalando los defectos del régimen social oprobioso que aguantaba en nuestro país.

Pero en los detalles y aun en el fondo de la prédica que sostenían, se veía fácilmente la influencia de ideas remotas, muy alejadas de todo lo argentino, sistemas y fórmulas ajenas de hombre extraños a nuestra tierra y a nuestros sentimientos. Se veía bien claro que lo que ellos deseaban par el pueblo argentino no vendría del mismo pueblo. Y esta comprobación me puso d inmediato en guardia…

Me repugnaba asimismo otra cosa: que la fórmula para la solución de la injusticia social fuese un sistema igual y común para todos los países y para todos los pueblos y no podía concebir que para destruir un mal tan grande fuese necesario atacar y aniquilar algo tan natural y tan grande también como es la Patria.
Quiero aclarar aquí que hasta no hace muchos años, en este país, muchos dirigentes sindicales a sueldo consideraban que la Patria y sus símbolos eran prejuicios del capitalismo, lo mismo que la religión.

Sospeché que aquella gente trabajaba más que por el bienestar de los obreros, por el debilitamiento de la nación en sus fuerzas morales.

“No me gusto el remedio para la enfermedad.”

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